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¿Por qué los saudíes no pueden entrar a los compounds?

Actualizado 2017
Fal Compound

Vista de un compound de Riyadh

Los compounds son esas urbanizaciones fortificadas, donde viven los occidentales. En ellas no entra la policía religiosa ni la normal. Los zobs (típico traje saudí ثوب)y las abayas están prohibidas. Y aunque no se vende alcohol todo el mundo sabe que los compounds no están desabastecidos. Por cierto, la palabra alcohol viene del árabe, paradojas de la vida. Si las restricciones fueran como en el exterior, Arabia Saudí perdería a sus trabajadores más cualificados, necesarios para modernizar el país.

En Riyadh, los compounds son los únicos oasis de libertad que existen junto al barrio diplomático(DQ en inglés). En ellos se organizan fiestas donde corre el alcohol, hay música y, en fin, los occidentales intentamos que la vida nocturna tenga algún parecido con la de casa.

Eso sí, en el mercado negro una botella de whisky puede alcanzar los 170 euros y ahora que hay escasez (dicen que capturaron un barco lleno antes de llegar a Arabia), los precios se han disparado…

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Botellas de alcohol

El alcohol, ese oscuro objeto de deseo de saudíes y extranjeros…

La mayoría de los compounds tienen la política de restringir el acceso a los saudíes. Oficialmente la razón se debe a la seguridad. Después de hablarlo con algunos amigos, he llegado a la conclusión de que el verdadero peligro que las autoridades quieren evitar es la contaminación cultural a que los saudíes estarían expuestos. De hecho a los yemeníes no les ponen pegas y no es precisamente la suiza de Oriente Medio.

Un saudí va a una fiesta a la occidental y se da cuenta de que nuestro estilo de vida es mas divertido. Y es que sería difícil permanecer impasible tras vivir en carne propia otras formas de ver la vida donde que rezar cinco veces al día y sentirse culpable por una interminable lista de cosas prohibidas (haram) que va desde fumar hasta el sexo prematrimonial pasando por el baile, la televisión y compartir espacios con mujeres de fuera de la familia.

Y esto viene a cuento, porque uno hace un esfuerzo por invitar a sus amigos saudíes a las fiestas, pero suele acabar siendo muy complicado. De hecho, el otro día un amigo saudí vino de propio de Jeddah para visitarme y me costó lo mío que pudiera entrar a una fiesta.

Además el hecho de que nunca traigan chicas tampoco ayuda en un entorno donde no abundan. Invitar a chicas saudíes es un dolor de cabeza, un trabajo de días o semanas en logística y coordinación, que no parece merecer la pena, por no hablar del riesgo que acompaña a los osados que quieren descubrir los misterios que la abaya esconde.

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